
Ya está aquí el libro electrónico. Yo aún no lo tengo, pero no pierdo la esperanza de que alguien me lo regale esta Navidad. Incluso es probable que me regalen más de uno, para leer los distintos formatos que hay en el campo de batalla de las multinacionales.
Lo que sí tengo ya son algunas de las obras que podré leer en unos meses. La mayoría me han llegado de forma espontánea, enviadas por internautas que se sienten felices de que mi biblioteca digital engorde. Otras las he encontrado yo en la red, con una pequeña ayuda. Hasta ahora no he sido capaz de leer ninguna completa en el ordenador. La lectura en la pantalla la identifico con el trabajo y no me resulta placentera. Sin embargo, he hecho algunas pruebas con resultados contradictorios.
Lo que sí tengo ya son algunas de las obras que podré leer en unos meses. La mayoría me han llegado de forma espontánea, enviadas por internautas que se sienten felices de que mi biblioteca digital engorde. Otras las he encontrado yo en la red, con una pequeña ayuda. Hasta ahora no he sido capaz de leer ninguna completa en el ordenador. La lectura en la pantalla la identifico con el trabajo y no me resulta placentera. Sin embargo, he hecho algunas pruebas con resultados contradictorios.
Contaré la experiencia. En mi incipiente biblioteca digital hay varios títulos en diferentes formatos: desde el clásico Word hasta el extendido PDF. Y otros que desconocía. Entre estas obras elegí al azar Madame Bovary para experimentar sensaciones al leerla en pantalla digital.
Pues bien, con el original en la mano encontré algunas variaciones ya en el primer párrafo. Eso me provocó curiosidad y me hizo seguir leyendo. En realidad, la obra que tengo en formato digital es una Madame Bovary adulterada. De vez en cuando se cuela una frase “pirata”, una escena que no está en el original. Algún personaje cambia de nombre, e incluso la acción transcurre en lugares diferentes. Y el súmun se produce cuando Emma Bovary y Rodolph Boulanguer se conocen. Pocas páginas después yacen en un hotelito parisino, desnudos y agotados por los ejercicios amatorios: sodomía, sado, posturas imposibles… La feliz Emma llama de vez en cuando “Mi Panadero” a su amante. La novela sigue su marcha y de vez en cuando se cuela otra escenita pornográfica en un estilo que no desmerece al original y puede engañar a cualquiera que no haya leído antes a Flaubert.
¿Es posible modificar tan fácilmente las novelas digitales? Hablo con un amigo informático y me asegura que sí, y que esto es sólo el principio. Me dice que nadie ha mencionado este riesgo, porque a nadie le interesa que se sepa, pero es cierto. Da un poco de vértigo pensar en lo que se convertirán nuestras bibliotecas a partir de ahora. Cualquier hacker literario podrá rejuvenecer a don Quijote con unas nociones del estilo de Cervantes, o vestir con lencería fina a Dulcinea del Toboso. Se podrán cambiar los finales que no nos gusten. Los protagonistas podrán llevar nuestros nombres y apellidos, pensar como nosotros. Caperucita Roja podrá ser Caperucita Coja. Drácula sufrirá dentera e incontinencia urinaria. Y Santiago San Román y Montse Cambra podrán encontrarse en el desierto, montar una jaima, hacer té y pasar el resto de sus vidas cuidando cabras y ordeñando camellas.


3 comentarios:
Lo que se van a perder los de Ikea cuando dejen de vender tanta librería, ahora sí se cumplirá el famoso dicho de "El saber no ocupa lugar", de momento no han conseguido reproducir el olor del papel añejo, el brillo de la tinta, las marcas de agua, los exlibris de anteriores propietarios, el sonido de las hojas cuando avanzamos, los párrafos subrayados, las estampitas de santos intercaladas, las fotografias olvidadas, la flor que secó entre versos para enamorados...Pero sobretodo no podrán reproducir el ritual mágico del libro y las sensaciones que nos evoca al sostenerlo con todos nuestros sentidos.
Me gustaría tanto que los protagonistas de "Mira si yo te querré" se reencontraran para vivir en una jaima, que sólo por eso creo que debo de comprarme un libro digital y esperar que el autor reescriba un nuevo final. (nunca un hacker!)
No, yo no estoy dispuesta a perder el placer de tener "ese libro especial" en mis manos...
Me pasa un poco lo que tú apuntas... el ordenador me recuerda a trabajo, y para mi leer, es aprender otros mundos, otros seres humanos... pero nunca trabajo... así que no, no me servirá de nada ese invento...
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