
Tengo una facilidad especial para atraer a los fantasmas. No sabría precisar desde cuándo; creo que desde que muy niño. Hace quince años viajé a Cuba y sin quererlo me traje pegado a mi sombra el fantasma de José Martí, El Apostol. Su espíritu me persiguió durante meses, hasta que logré darle esquinazo. En otra época fue el fantasma del Abd el-Krim el que no se separaba de mí ni a sol ni a sombra. La lista sería inacabable, desde el fantasma de Gary Cooper hasta el de Hergé —autor de Tintín—, pasando por el de Churchil y el de Jordi Oliveres —inventor del Chupachups—. Y siempre son hombres, aunque desconozco el motivo.
El problema surge cuando me cruzo con un fantasma y no soy capaz de reconocerlo. Eso me hace sentir mal. Me ha ocurrido en alguna ocasión. Desde hace unas semanas me cruzo con un vecino casi todos los días al que saludo con cordialidad, aunque apenas lo conozco. Se llama Fernando —eso lo sé ahora—, y no lo había visto nunca hasta hace un mes. Sin embargo, anoche me desperté en mitad de una pesadilla y me lo encontré sentado en los pies de la cama. Enseguida lo reconocí. Llevaba un sombrero de fieltro oscuro, gafas con montura dorada y un bigotito pasado de moda. Sacó un cigarrillo y lo encendió. «Aquí no se puede fumar», le dije sin mucha convicción. «El humo de los fantasmas no huele ni molesta, créame», me respondió. Se quedó allí mirándome, como quien mira el horizonte del mar en un atardecer. Estaba tan concentrado que no quise interrumpirlo. Al cabo de un rato se levantó, sacó del bolsillo de su chaqueta una cuartilla doblada y me la dio. La acepté sin mirarla. Salió de mi habitación cojeando ligeramente, apoyado en un bastón de bambú que no había visto hasta ese momento. Esperé un rato antes de leer lo que había escrito. Estaba en portugués.
Aceita o universo
Como t´o deram os deuses.
Se os deuses te quisessem dar outro
Ter-to-iam dado.
Se há outras matérias e outros mundos
Haja.
Acepta el universo
Como te lo dieron los dioses.
Si los dioses te hubieran querido dar otro
Te lo habrían dado.
Si hay otras materias y otros mundos,
Que los haya.
Estaba firmado por Alberto Caeiro. En seguida comprendí que mi vecino no era otro que Fernando Pessoa. O, mejor dicho, el fantasma de su heterónimo. Ahora estoy pensando qué le diré si vuelvo a cruzarme con él en el portal. Seguramente le daré las gracias por los versos y fingiré que nos conocemos de toda la vida.
El problema surge cuando me cruzo con un fantasma y no soy capaz de reconocerlo. Eso me hace sentir mal. Me ha ocurrido en alguna ocasión. Desde hace unas semanas me cruzo con un vecino casi todos los días al que saludo con cordialidad, aunque apenas lo conozco. Se llama Fernando —eso lo sé ahora—, y no lo había visto nunca hasta hace un mes. Sin embargo, anoche me desperté en mitad de una pesadilla y me lo encontré sentado en los pies de la cama. Enseguida lo reconocí. Llevaba un sombrero de fieltro oscuro, gafas con montura dorada y un bigotito pasado de moda. Sacó un cigarrillo y lo encendió. «Aquí no se puede fumar», le dije sin mucha convicción. «El humo de los fantasmas no huele ni molesta, créame», me respondió. Se quedó allí mirándome, como quien mira el horizonte del mar en un atardecer. Estaba tan concentrado que no quise interrumpirlo. Al cabo de un rato se levantó, sacó del bolsillo de su chaqueta una cuartilla doblada y me la dio. La acepté sin mirarla. Salió de mi habitación cojeando ligeramente, apoyado en un bastón de bambú que no había visto hasta ese momento. Esperé un rato antes de leer lo que había escrito. Estaba en portugués.
Aceita o universo
Como t´o deram os deuses.
Se os deuses te quisessem dar outro
Ter-to-iam dado.
Se há outras matérias e outros mundos
Haja.
Acepta el universo
Como te lo dieron los dioses.
Si los dioses te hubieran querido dar otro
Te lo habrían dado.
Si hay otras materias y otros mundos,
Que los haya.
Estaba firmado por Alberto Caeiro. En seguida comprendí que mi vecino no era otro que Fernando Pessoa. O, mejor dicho, el fantasma de su heterónimo. Ahora estoy pensando qué le diré si vuelvo a cruzarme con él en el portal. Seguramente le daré las gracias por los versos y fingiré que nos conocemos de toda la vida.

















